Miles de fans aguardan horas y horas a las puertas de donde se va a celebrar el concierto. El frío aprieta y la lluvia puja por dejarse escapar de las nubes. Un fan es alguien que siente lo que hace una persona como si fuese ella misma, así que podríamos decir que nosotros también éramos fans. Pero no de quien daba el concierto, sino de nosotros mismos. Gente enloquecida y eufórica compitiendo por ver quien salta más alto para que el cantante se fije en ellos. Tú y yo no saltamos, tú y yo no somos como el resto, tú y yo permanecemos callados y quietos con la mirada clavada en los ojos del otro. La gente con pancartas que declaran un amor platónico y tan efímero como el éxito de un cantante en la actualidad. Unas veces eres el rey, y tan pronto, te das cuenta de que tu hit ya no suena en la radio. Yo no necesito pancarta, ni mechero en las baladas, para demostrarte mi amor, pero en este caso un amor de verdad. A cada paso que da el líder de la banda, todos se deshacen en gritos y en pensamientos en voz alta y lejanos que se pierden entre la atmósfera que crea la ensordecedora música. Pero, aun así, adivino que tú sí puedes oír los latidos de mi corazón, por ti, tan fuertes como descarados. Las chicas se pintan el nombre de su ídolo en la frente, yo me tatúo el tuyo en el alma. Y un tatuaje es para siempre.

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